Esto es un llamamiento. Es decir que se dirige a los que lo escuchan. No haremos el esfuerzo de demostrar, de argumentar, de convencer. Iremos a la evidencia.
La evidencia no es cuestión de lógica, ni de razonamiento.
Está del lado de lo sensible, del lado de los mundos.
Cada mundo tiene sus evidencias.
La evidencia es lo que se comparte
o de lo que se parte.
A través de lo cual toda comunicación vuelve a ser nuevamente posible, no está ya postulada, sino que debe construirse.
Y eso, esa red de evidencias que nos constituye, se nos enseño tan bien a ponerla en entredicho, a esquivarla, a silenciarla, a guardarla para nosotros. Se nos enseño tan bien que toda las palabras faltan cuando queremos gritar.
...
El folclore contestatario ha dejado de entretenernos.
...
Lo que se opone a la desolación dominante no es en definitiva más que otra desolación bastante menos desprovista. En todas partes la misma idea tonta de la felicidad. Los mismos juegos infectos de poder. La misma desarmante superficialidad. El mismo analfabetismo emocional. El mismo desierto.
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